Backups: lo que aprendimos el día que un hosting se cayó sin avisar

El día que casi perdimos ocho meses de contenido de un cliente fue un martes cualquiera. El hosting compartido donde tenían el WordPress —un proveedor barato que habían contratado ellos mismos antes de trabajar con nosotros— tuvo un fallo de disco y no hubo forma de recuperar nada del lado del proveedor. No guardaban copias más de 24 horas. Cuando nos llamaron ya era tarde.
Bueno, no perdimos ocho meses del todo: teníamos una copia de hacía tres semanas porque habíamos tocado la plantilla poco antes y yo guardo siempre una copia manual antes de meter mano en producción. Pero esas tres semanas de entradas, pedidos y comentarios de clientes se esfumaron. Fue la última vez que dejé la gestión de backups en manos del hosting de otro sin comprobarlo primero.
Desde entonces aplicamos la misma regla a cada proyecto nuevo, tenga hosting propio o del cliente: backup diario automatizado, guardado fuera del servidor donde vive el sitio (normalmente un bucket de S3 aparte, a veces Backblaze si el presupuesto es ajustado), con al menos 14 días de retención. Montarlo cuesta poco (un cron con mysqldump y rsync, o un plugin decente si es WordPress) y aun así la mitad de los clientes que heredamos no tenían nada de esto configurado.
Lo que más me sorprende no es la falta de backups en sí. Es la falta de curiosidad. Nadie pregunta “¿y si se cae?” hasta que se cae. Y cuando pasa, el coste real no es solo el contenido perdido: son las horas reconstruyendo a mano, la confianza del cliente en que su web es algo serio y no un aficionado con un dominio, y las decisiones que se toman con prisa y sin presupuesto real detrás.
Con este cliente en concreto acabamos migrando todo a un VPS gestionado por nosotros, con backups automáticos y un snapshot semanal completo del servidor. Le costó más al mes que el hosting de tres euros que tenía antes, y lo discutimos, claro. Pero cuando le expliqué que estaba pagando por no tener que vivir otra vez ese martes, lo entendió rápido.
Hay algo un poco perverso en cómo se vende el hosting barato: parece que la única variable que importa es el precio, cuando en realidad estás comprando una promesa de recuperación que casi nunca se prueba hasta que hace falta. Ahora, con cualquier proyecto nuevo, hacemos una restauración real antes de dar el sitio por terminado. No basta con que el backup exista, tiene que funcionar cuando lo necesitas de verdad. Lo hicimos mal una vez y tardamos cuatro horas en darnos cuenta de que el backup automático llevaba dos meses fallando en silencio porque nadie miraba los logs.
¿Cuántos de los sitios que gestionáis vosotros tienen un backup que nunca habéis probado a restaurar?