¿Cuánto cuesta meter IA en la web de mi negocio?
Hace tres semanas un cliente que vende muebles a medida me pidió presupuesto para un asistente que respondiera dudas sobre plazos y materiales antes de que el visitante llegara al formulario de contacto. Le pasé el número de horas de desarrollo y puso cara de susto, pero no era por eso. Era porque le expliqué que esa era solo la primera factura.
Aquí está el lío que casi nadie explica bien de entrada: montar un asistente con IA tiene un coste fijo (programarlo, conectarlo a tu web, entrenarlo con tu catálogo) y un coste variable que depende de cuánto se use, mes a mes, para siempre. Sin fecha de caducidad. El fijo se paga una vez y ya está. El variable es el que sorprende.
Ese coste variable es lo que cobra el proveedor del modelo —da igual si es OpenAI, Anthropic o Google— por cada conversación: se mide en tokens, que son trozos de palabra, y cuantas más preguntas conteste tu asistente y más largas sean las respuestas, más tokens gasta. Para un bot de veinte consultas al día el gasto es ridículo, un par de euros al mes. Para uno que de repente recibe tráfico de una campaña y atiende dos mil conversaciones diarias, la factura puede multiplicarse por cuarenta sin que nadie haya tocado una línea de código.
Nos pasó con un cliente de reformas. Lanzamos su asistente en una web con poco tráfico, calculamos un presupuesto mensual con margen, y a las tres semanas una campaña en redes le trajo diez veces las visitas habituales. El asistente funcionaba perfecto. La factura del proveedor de IA se disparó. Y el cliente nos llamó preocupado, pensando que algo se había roto, cuando en realidad todo estaba funcionando más de lo previsto, que en el fondo es un buen problema. Pero nadie le había avisado de que ese escenario existía.
Desde entonces hacemos dos cosas en cada proyecto de este tipo. Ponemos límites de gasto directamente en el panel del proveedor, para que nunca se dispare sin avisar a nadie. Y elegimos el modelo según lo que de verdad necesita hacer el asistente, no el más potente por defecto: para responder “¿cuánto tardáis en entregar un pedido?” no hace falta el modelo más caro del mercado. Con uno más barato y rápido sobra, y eso se nota mucho al final de mes.
Lo que todavía no sé resolver del todo es cómo explicar esto en la reunión de venta sin que suene a “esto puede salir carísimo y no sabemos cuánto”. Porque no es eso, con los límites bien puestos el riesgo es controlable, total, que se trata de configurarlo antes y no después del susto. Pero sí es verdad que cualquier presupuesto cerrado que alguien te dé para un proyecto de IA con uso variable está, como mínimo, incompleto si no habla también de esa segunda factura.