Mantenimiento web: lo que de verdad cuesta después del lanzamiento

Casi ningún cliente pregunta por el mantenimiento antes de firmar. Preguntan por el precio del desarrollo, por el plazo de entrega, a veces por el hosting. El mantenimiento aparece como conversación seis meses después, normalmente cuando algo deja de funcionar.
La parte que nadie cuenta es que una web no se “acaba”: WordPress necesita actualizaciones de núcleo y plugins con regularidad, un certificado SSL hay que renovarlo o automatizarlo, y las dependencias de un proyecto en Vue o Nuxt se quedan viejas aunque tú no toques una línea de código. Nada de esto es dramático si se hace poco a poco. Se vuelve dramático cuando se acumulan dos años sin tocarlo y hay que actualizar todo de golpe.
Con un cliente pasó algo típico: el sitio llevaba tiempo con cambios manuales de precios en un WordPress viejo, antes de que migráramos todo a generación estática desde los sitemaps del origen. Ese tipo de mantenimiento, de contenido, no de código, es el que más se subestima al presupuestar.
Nosotros cobramos el mantenimiento aparte del desarrollo, y lo explico así en la primera reunión: el desarrollo es construir la casa, el mantenimiento es pagar la comunidad y arreglar la caldera cuando toca. Un cliente que no quiere pagar mantenimiento no está ahorrando, está posponiendo el gasto y quitándole el control de cuándo pagarlo.
Lo que sí ha cambiado con los años es cuánto mantenimiento necesita cada tipo de sitio. Un estático con Astro, o el sistema que montamos para ese cliente, casi no pide nada: sin base de datos, sin plugins, sin panel de administración que hackear. Un WordPress con formularios, ecommerce y quince plugins es otra historia completamente distinta, y así se lo digo a cualquiera que me pregunte cuál de los dos “es mejor” sin más contexto.
Al final el mantenimiento no es una línea más del presupuesto, es la pregunta que determina si dentro de tres años seguimos hablando de tu web o de por qué dejó de funcionar un lunes por la mañana.